Eros era el dios del amor. El amor que fuerza a los dioses a unirse y engendrar nuevos dioses. Por eso, en algunas versiones se trata de un dios primigenio. Pero en la mayoría de versiones es hijo de Afrodita. Unas veces causa una pasión inestable y efímera y otras veces un efecto firme e incondicional. Era un dios adorado y temido, un dios travieso que lanzaba flechas debilitando a los hombres y provocándoles tormentos. Pero ¿quién no desea amar y ser correspondido?
Psique era la menor y más bella de tres princesas hermanas de un reino de Anatolia. Los hombres dejaron de ir a los templos de Afrodita porque corrió la voz de que Psique era más bella que la diosa. Afrodita quiso castigarla y le encargó a su hijo Eros que le lanzara una flecha para que se enamorara del ser más horripilante que existiera. Eros se hirió con la flecha que iba a lanzar a Psique (algunos dicen que a propósito) y se enamoró perdidamente de ella. Entonces le pidió ayuda a Apolo porque no sabía que hacer ahora que estaba enamorado de la mujer que quería castigar su madre.
Apolo tomó como primera decisión permitir que los hombres elogiaran la belleza de Psique pero impidió que alguno la cortejara. Psique llegó a aborrecer su propia hermosura al ver que sus dos hermanas se casaron y ella no tenía pretendientes. Apolo, además, recomendó al Rey de Anatolia que llevara a Psique a la cima de una montaña dónde debía esperar a su futuro esposo. Eros, autoenamorado, envió al viento Céfiro a recogerla mientras dormía y la llevó a su palacio. Allí, dispuso que seres incorpóreos atendieran todas sus peticiones y deseos.

François Gérard
Paris, Musée du Louvre
El amor incompleto
Cuando llegó la noche, cortejó a Psique sin consentir que ella le viera. Todo fue oído y tacto. Psique era feliz porque salvarse de Afrodita podría suponer tomar por esposo un monstruo inmortal y ya había comprobado que no era así. Eros era feliz por estar con la mujer de la que quiso enamorarse. Pero Eros le pidió a Psique que debía amar a oscuras para sólo valorar la belleza interior. No se verían durante el día, sólo por las noches. Y esto se hizo muy duro para Psique. Una noche le pidió a su esposo que le permitiera ver a sus hermanas ya que las extrañaba. Eros accedió con la condición de que no les hablara de él.
Las dos hermanas vieron cuánto tenía Psique en el palacio y, aún sin hablar del esposo de ella, vieron la felicidad en sus ojos. Envidiosas, le introdujeron la duda de que debía ser un horrible monstruo que no quería mostrarse a la luz. Esa noche, Psique encendió una lámpara de aceite junto al rostro de su amado. Comprobó que era el hermosísimo Eros, el dios del amor, el que yacía junto a ella. De la impresión se tambaleó y cayó aceite de la lámpara sobre Eros, hiriéndole. El dios se fue diciendo que nunca volvería con Psique porque no pudo obedecer su única petición.

Antonio Canova
Paris, Musée du Louvre
El amor verdadero
Psique no sabía qué hacer y buscó a la misma Afrodita para arreglar el estropicio. Afrodita la sometió a pruebas muy duras en las que Psique fue ayudada por los dioses. Apolo, Deméter, incluso Zeus la ayudaron. Pero su última prueba fue durísima. Tenía que bajar al inframundo y pedir a Perséfone un poco de su belleza para reparar la belleza perdida por Eros con el aceite hirviendo. El periplo de Psique sorteando a Cerbero con un pastel de cebada y cruzando al inframundo en la barca de Caronte fue apreciado por Perséfone que le dio una caja con parte de su belleza para llevarle a Afrodita.
Nuevamente, Psique cometió un error y abrió la caja que le había entregado Perséfone. Quiso coger un poco de hermosura para asegurarse de que Eros la volviera a amar. El sueño estigio del inframundo salió de la caja y se apoderó de ella. No acabó aquí la historia porque Eros ya la había perdonado. La había seguido y observado en sus aventuras imposibles. Limpió su sueño y pidió a Zeus y a Afrodita que acogieran a Psique entre los dioses: en una ocasión abandonó el mundo de los vivos para vivir con él en su palacio y en otra sobrevivió a la entrada al mundo de los muertos. Merecía beber ambrosía y vivir eternamente juntos.
Así es el mito de Eros y Psique, posiblemente el único final de comedia romántica actual de la mitología griega. Os puede recordar a tantas historias…Sabed que tuvieron una hija. Se llamó Hedoné para los griegos y Voluptas para los romanos. Nos han llegado sus adjetivaciones como la máxima expresión del placer y la sensualidad: lo hedonista y lo voluptuoso.