Los misterios eleusinos

Eleusis se convirtió en uno de los centros sagrados de la antigüedad. Tomó importancia por el peregrinaje a través de la Vía Sacra que la comunicaba con Atenas, la polis más importante de la península ática, unos veinticinco kilómetros al sureste.

El mito

Deméter, la diosa de la agricultura, recorrió el mundo buscando a su hija Kore durante nueve días y nueve noches sin comer ni beber. Angustiada al no encontrarla, paró a descansar en Eleusis y se vistió de negro en señal de duelo. Las hijas del rey Céleo la confundieron con una anciana y la llevaron a su palacio. Fue nombrada nodriza de Demofonte, el hijo menor del rey y de la reina Metanira. En agradecimiento por su hospitalidad, la diosa cubrió con ambrosía a Demofonte para otorgarle la inmortalidad y lo acostaba cada noche desnudo sobre carbones para eliminar su parte mortal.

Demofonte crecía muy rápido y levantó las sospechas de su madre. Una noche sorprendió a la anciana en su ritual y, viendo a su hijo en llamas, gritó. El hechizo se rompió y Deméter se presentó como la diosa que era. Ordenó que se le erigiera un templo en Eleusis donde se llevarían a cabo los misterios sagrados. Allí se refugió la diosa y decidió interrumpir el ciclo de la vegetación hasta que volviera a ver a su hija. La tierra se heló y perdió su fertilidad.

Zeus no podía permitir que la gente pasara hambre y pidió a Helios, el dios del sol que lo ve todo, que le contara dónde estaba Kore. Había sido raptada por Hades y convertida en Perséfone, reina del inframundo. Zeus convenció a Hades para que devolviera a Perséfone al reino de los vivos aunque estaría obligada a volver con Hades una vez al año tras haber comido una semilla de granada del mundo de los muertos.

Ratto di Proserpina. Galleria Borghese.
Detalle de el rapto de Perséfone de Gian Lorenzo Bernini

Tras la alegría de volver a ver a Perséfone, Deméter entregó la agricultura a Triptólemo, el hermano de Demofonte, al que entregó un carro alado con una rueda y llevada por dragones (hay representaciones con serpientes). Le entregó semillas de trigo y cebada y le enseñó la agricultura para que la transmitiera al resto de los pueblos.

En la antigua Grecia se creía que el invierno era la estación en la que Deméter buscaba a su hija y Perséfone estaba retirada en el inframundo. En primavera se reunían madre e hija y la felicidad de Deméter era el origen del nacimiento de las semillas, las flores y las plantas. El verano era el tiempo de cosechar los frutos y prepararse para un nuevo ciclo. Se entendía que sólo había tres estaciones por lo que Perséfone permanecía un tercio del año en el inframundo.

Los misterios menores

Los misterios se desarrollaban en el mes de boedromion, el primer mes del calendario ático, equivalente aproximado de septiembre/octubre y duraban nueve días. Se iniciaban con el traslado de los objetos sagrados desde Eleusis hasta Atenas. El hierofante, siempre perteneciente a la familia de los eumólpidas, era el sumo sacerdote del culto y el segundo sacerdote, el dódoco o dadujos (portaantorchas), de la familia de los Cérices, le auxiliaba siempre portando una antorcha.

Placa votiva de terracota sobre los Misterios Eleusinos
descubierta en el Santuario de Eleusis y llamada
placa de Ninio (ver grafía inferior). S. IV. A.C.

El hierofante enviaba a los heraldos, también pertenecientes a la familia de los Cérices, a pregonar una tregua que duraría las celebraciones. En el Agora de Atenas, en el pórtico o estoa pintada, proclamaban que podían iniciarse en los misterios quienes hablaran la lengua griega, fueran hombres, mujeres y niños, pero que no tuvieran delitos de sangre en sus manos. También pedían a los extraños, a los criminales y a los impuros que no profanaran los ritos.

Los misterios eleusinos se mantenían en secreto y no podían revelarse bajo pena de exilio o de muerte. La propia palabra misterio proviene de un vocablo griego antiguo relacionado con el verbo cerrar (generalmente relacionado con los ojos o la boca) Por eso, a los que querían iniciarse se les daba el nombre de mistas (los que cierran la boca o los que aún cierran los ojos) Cuando completaban los rituales pasaban a ser llamados epoptes (los que han visto).

Los primeros días se celebraban diversos rituales en Atenas llamados pequeños misterios. Los mistas ayunaban para la purificación interior y se bañaban en el puerto de Cántaro para la purificación exterior. Llevaban un cochinillo con ellos, incluso en el baño ritual, y después lo sacrificaban para que se llevara las impurezas del propio mista con su muerte. También en Atenas se realizaban ritos de entronización donde los mistas imitaban la tristeza de la diosa Deméter al no encontrar a su hija cubiertos y velados con un paño de lana y purificados por sacerdotisas que pasaban aventadores y antorchas sobre sus cabezas.

Al sexto día se iniciaba la procesión de vuelta a Eleusis con los objetos sagrados por la vía Sacra. Los mistas y los ya iniciados balanceaban ramas y se acordaban de Yaco y de Yambe, una criada que con sus ocurrencias y bromas logró hacer sonreír a Deméter cuando más triste estaba por no encontrara a Perséfone.

Eleusis y los misterios mayores

Llegando al río Cefiso, cerca de Eleusis, se realizaba un ritual en el que personas que no iban en la procesión se asomaban desde el puente del río e insultaban y se burlaban de los procesionarios. La idea no era dañar sino alejar los malos espíritus (pensaban que un mal espíritu al ver a esos desgraciados de los que se burlaban les dejaría tranquilos) y realizaban alusiones sexuales para propiciar la vuelta a la fertilidad de los campos. Como curiosidad, destacar que la comedia nace de este tipo de insultos al evolucionar hacia la crítica social y política.

Al llegar a Eleusis se hacía un ayuno en homenaje al que realizó Deméter. Se rompía para beber el ciceón, una bebida de cebada y poleo al que, estudios recientes, añaden la posibilidad de que manejaran algún componente psicoactivo como parásitos de la cebada (el cornezuelo) u hongos (amanitas) especialmente sensibles a unos iniciados en ayunas.

Un recinto amurallado protegía los santuarios, a la derecha se encontraba una cueva natural dedicada a Hades (o Plutón, de ahí el nombre de Plutonio). Frente a él un pozo que podría simular una entrada al inframundo que se supone se utilizaba para representar idas y venidas de Perséfone.

Plutonio, santuario de Hades (o Plutón)
5 de abril de 2019

Más adelante se encontraba el Telesterion, un templo muy particular para el mundo griego, dado su uso. Los templos habitualmente dedicados a los dioses eran relativamente pequeños ya que sólo necesitaban espacio para sus imágenes y tesoros. Los fieles se reunían en el exterior en algún altar preparado al efecto. El Telesterion, sin embargo, estaba cerrado con paredes por fuera y abierto por dentro para conseguir más espacio. Tenía gradas en su interior para que los fieles pudieran observar los rituales. En su centro estaba el Anaktoron, el lugar donde se guardaban los objetos sagrados y al que sólo podía acceder el hierofante.

El ritual final

Al estar prohibida la traslación de información por los propios fieles, hay muchas preguntas sin respuesta. Sin embargo, las teorías confluyen en que lo importante en los misterios no era aprender en sí sino vivir la experiencia. Se trataba de perder el miedo a la muerte que provenía de las antiguas tradiciones griegas (como los textos homéricos). Vivir con mayor alegría, morir con mejor esperanza.

En el ritual final, lo primero que tendría que decir un iniciado sería la contraseña: «He ayunado, he bebido el ciceón, lo he cogido de la cesta, he realizado los actos rituales y lo he depositado en el cesto, y del cesto en la cesta». Una vez dentro del santuario se realizarían representaciones en las que se visualizarían escenas del mito de Deméter, Perséfone, Triptólemo o Yako. Por último, lo que imaginamos que se enseñaba en la oscuridad de la noche era los centenares de antorchas de los ya iniciados que se apagaban para que el hierofante sacara un objeto sagrado con la proclama: «La Augusta ha dado a luz un niño sagrado, la Fuerte ha dado a luz al Fuerte» Se encenderían las antorchas de nuevo para contemplar la semilla y la espiga cosechada que simbolizaba nuevamente la vida tras la muerte.

Final de los misterios

Completados los rituales, se realizaba un gran festín acompañado de danzas rituales en el campo Rhario, el que se decía que era el primer punto en el que creció el grano. Se sacrificaba un toro y al día siguiente todos volvían a sus casas.

Hay teorías diversas sobre objetos de oro en canastillas, cofres y cestas. En su interior habría piñas (símbolo de fecundidad), serpientes (simbolizando la pérdida del miedo a la muerte), huevos (para recordar la esfericidad, la perfección divina que debería ser el objetivo del hombre)

Se cree que comenzaron sobre el año 1500 a.C. durante la época micénica y se celebraron durante casi 2000 años. Acabaron en el año 395 d.C tras la destrucción del santuario por los godos de Alarico. ¿No os gustaría que hubieran durado 1627 años más?

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