Mi nombre es Zeus. Soy el Gran Dios del Olimpo y el próximo sábado quizá celebre el día del padre. ¿Quién mejor que yo? Debéis saber que tengo tantos hijos que no me faltarían regalos…

una de las siete maravillas del mundo antiguo, esculpida por Fidias hacia 430 a.C.
Madres diosas
Con mi hermana y esposa en el Olimpo, Hera, soy padre de Ares, dios de la guerra y de Hebe, diosa de la juventud. Hefesto, dios de la forja y el fuego es hijo mío aunque según Hesíodo lo pariera Hera en solitario (tenía celos de que yo alumbrara a Atenea tras comerme a su madre, Metis). También somos padres de Ilitía, diosa de los nacimientos y los dolores en el parto y de Eris, luego Enio, diosa de la discordia y el horror.
He concebido a Kore, la doncella que, convertida en Perséfone, reina en el inframundo junto a mi hermano Hades. Su madre es Deméter, la diosa de la agricultura que se alegra todos los años cuando vuelve la niña del inframundo y se entristece todos los meses que vuelve a él.
Con Temis, la diosa de la justicia divina, he engendrado a Dice, Eunomía, Talo, Eirene, la que lleva la Paz y Astrea, la diosa virginal que portaba mis rayos y catasterizó como la constelación de Virgo (su balanza lo hizo como la constelación de Libra).
Selene, la diosa de la luna, es la madre de mi hija Pandia, la diosa de la luna llena. Carme es la madre de Britomartis que se hizo famosa por enseñar a los humanos las artes de la caza y la pesca con redes.
Madres titánides, oceánides y pléyades
Con Leto, la titánide de la luz del día y de la noche, tuve dos de mis hijos más afamados: Apolo, dios del sol, de la profecía y adivinación, de la curación y la enfermedad, de las artes en general y de la música en particular y Artemisa, la diosa de la luna, de la caza, de los animales salvajes y de la virginidad. Os contaré la historia de su nacimiento:
Lo cierto es que intenté fecundar a Asteria, la hermana de Leto, pero se transformó en codorniz y se lanzó al mar. Asteria se convirtió en la isla flotante de Ortigia. Después pude fecundar a Leto pero mi esposa Hera trató de impedir el nacimiento de los mellizos haciendo que nadie acogiera a Leto. Además, obligó a Ilitía a no asistirla en el parto. Tan solo la isla Ortigia la acogió y con nueve días de retraso, los dioses nos apiadamos de Leto y convencimos a Ilitía a cambio de un enorme collar de oro y ámbar (mi hermano Poseidón ayudó cubriendo la isla de agua para que Hera no les encontrara). Nació Artemisa y pudo ayudar a su madre en el nacimiento de Apolo. Fijamos la isla Ortigia al fondo marino con cuatro columnas y se convirtió en la isla de Delos, la brillante.
Con Mnemósine, la titánide de la memoria, concebí las nueve musas: Calíope, de la poesía épica; Clío, de la historia; Erato, de la poesía; Euterpe, de la música; Melpómene, de la tragedia; Polimnia, de los himnos; Thalía, de la comedia; Terpsícore, de la danza y Urania, de la astronomía.
Con Eurónime fui padre de las Cárites, las Tres Gracias. Son las diosas de la belleza (Aglaya), de la alegría y el júbilo (Eufrósine) y de la abundancia (Talía). Considero a la hermana pequeña, del descanso y la relajación (Pasítea), como la cuarta Gracia.
Hermes, el dios mensajero, de los viajeros, del comercio y del ingenio fue el hijo que tuve con la mayor y más bella de las pléyades, Maya. Yasión fue el hijo que tuve con la pléyade Electra. De la oceánide Pluto nació Tántalo, al que tuve que castigar en el Tártaro por contar secretos del Olimpo.
Madres mortales
MIs hijos Helena y Pólux nacieron de un huevo ya que me transformé en cisne para seducir a su madre, la princesa etolia Leda. Como lo hice la misma noche que Leda yació con su legítimo esposo Tindáreo, nacieron también sus hijos Cástor y Clitemnestra. Para ser franco, ya me había convertido en cisne para perseguir a Némesis, la diosa de la justicia retributiva, que convertida en oca, también puso un huevo y un pastor se lo llevó a Leda. Al nacer Helena de ese huevo, nadie sabe si su madre era Leda o Némesis.

Getty Villa Museum, Los Angeles, California
Sémele, hija del mortal Cadmo y de la diosa Harmonía fue la madre de Dionisio, el dios del vino, de las fiestas, de la vegetación y del éxtasis. No voy a ocultar que me gusta mucho este hijo.
También tuve un hijo con Alcmena, Alcides, que pasó a la historia como Heracles ya que Apolo le hizo cambiarse el nombre para demostrar su servidumbre a Hera. Quise que reinara sobre Micenas pero Hera, celosa de Alcmena, se adelantó y ayudó a nacer a Euristeo, sietemesino, mientras Heracles no nacía. Por oráculo de la pitia de Delfos, Euristeo le encargó diez trabajos muy difíciles a Heracles que posteriormente ampliaría hasta doce y que mi hijo consiguió culminar.
De la princesa argiva Dánae obtuve como descendencia otro gran héroe, Perseo. El hijo que tuve con Calisto lo llamamos Arcas. Calisto era cazadora del cortejo de mi hija Artemisa a la que seduje transformándome en la imagen de la propia Artemisa. Acabó transformada en osa por Artemisa pero yo me encargué de catasterizarla como la constelación de la Osa Mayor.
Os contaré la historia de Europa, una bella muchacha de origen argivo. Me transformé en un toro blanco y me mezclé con más toros mientras Europa recogía flores. Cuando vio lo manso que era y me acarició los costados, la rapté. Su padre Agénor ordenó a sus hermanos que nos encontraran y que no volvieran a su tierra hasta conseguirlo. Fénix, Cílix y Cadmo nos siguieron pero abandonaron la búsqueda y no volvieron. Crearon sus propios territorios: Fenicia, Cilicia y Cadmea, la que posteriormente se llamaría Tebas en Beocia. Llevé a Europa hasta Creta donde se convirtió en la primera reina de la isla. Tuve tres hijos con ella: Minos, Radamantis y Sarpedión a los que acogió Asterión al casarse con ella.

Rijksmuseum, Amsterdam, Países Bajos
Por último, os contaré que yo no tengo ningún regalo para mi padre, Cronos. En su día conseguí que regurgitara a mis hermanos, a los Hecatónquiros y a los Cíclopes y luchamos en la Titanomaquia. Ganamos y nos repartimos entre Hades, Poseidón y yo el inframundo, las aguas, el cielo y el aire.